lunes, 5 de julio de 2010

Valeria: qué peligro.

Mi amigo Fran es mensajero, como yo. Y está, literal, "hasta los huevos, colega". es una situación que no es nueva para él (cada cierto tiempo: después de Navidad, antes y después de verano me cuenta la misma película). A mí no me importa (no, Fran, no me importa, de verdad) así que quedo con él y soy todo oídos (alguna vez el todo oídos es él, pero son muchas menos). Lo que me suele contar es que le pagan poco (para lo mucho que hace), que hay personas en la empresa que se aprovechan de él y no tienen ni un mínimo de tacto y que,esto es lo peor, comprueba día a día, semana tras semana, lo esgoísta y falsa que es la gente. Yo estaba preparado para escuchar esto una vez más,para prestarle mi apoyo y mi ánimo y para tomarnos esas cervezas que nos hacen olvidar por un momento que pertenecemos a una sociedad que odiamos. Cuando se sentó y pidió una botella de agua muy fría, medi cuenta de que algo iba muy mal. Me fijé en su cara y no me dio buena espina. Pensé en un problema de salud: el estómago, una muela,un golpe, un dolor de espalda...me equivoqué. El problema no era físico, era psicológico:su empresa había contratado a una chica más para recepción, para contestar al teléfono y distribuir el tema de los pedidos y los envíos. ¿Dónde está el problema? Esta chica, de veintiocho años, morena, delgada y con unos ojos que invitan al recogimiento, es terrible, mala; mala de mala de fe, de cabrona-cabronaza 8eso dice mi amigo Fran); de esas que alguna película retrata y nos parece exagerado... pues así es ella, y todo porque hace diez años (¡diez años, Juan, colega; hace diez putos veranos, tronco!) estuvo con ella un fin de semana entero (de los largos, de los de jueves, viernes, sábado y domingo) "follando como animales; ya sabes: a cañón; y luego ni la llamé ni hice por llamarla ni nada de nada... ya sabes tú cómo andaba yo hace diez años.
-Ya -le dije-; y ahora resulta que esa chica ha ido a trabajar a tu empresa.
-¡Exacto!
-¡Qué casualidad!
-Qué casualidad, no, colega, qué putada, Juan.
-Ya, son cosas que pasan... la vida, tío.
-no le veo la garcia.
-No me río, tío.
-Me está haciendo la vida imposible -dijo con su voz apagándose tras el targo de agua.
-¿Qué me dices? ¿Te estás haciendo la vida imposible? ¿Cómo?
-Joder, pues inventándose cosas, dándome mal las direcciones de las recogidas de paquetes, colgándome el telefóno cuando necesito una consulta o recibir un ok... miles de cosas... tú sabes que si alguien te quiere putear, en nuestro trabajo, estamos vendidos... ¿o no?
-Sí, eso sí es así.
-Bueno, hombre, menos mal, por un momento pensé que le ibas a dar la razón a ella.
-No, no, eso no... pero claro... está resentida, y dolida, y una mujer en esas condiciones...prefiero cruzar un río hasta arriba de pirañas que guerrear con un tipa de esa clase, sinceramente.
-¡Qué ánimos me das!Si no se te ocurre algo ya me dirás que hago.
-Yo de ti quedaría con ella, o hablaría allí mismo, en el trabajo, y le explicaría lo que hay. Ya tienes una edad, y ella también, donde las cosas se hablan y punto.
-No sabes lo que dices, Juan; no lo sabes... -se quedó pensativo, miró al camarero que acababa de pasar y me dijo-: ¿te importa si haces tú de mediador?
-¿Yo? Tú estás zumbado, tío. ¿Qué pinto yo en medio de todo eso?
-No sé, colega, pero eres mi amigo, te publicaron una novela, saliste en la radio, en los periódicos, no sé, joder, a lo mejor a ti te respeta.
-¿Y por qué me va a respetar?
-Pues por lo que te acabo de decir. Caen de cajón, Juanocho, venga, tronco.
Acepté; y ella, incomprensiblemte, también.Nos vimos este viernes pasado, a la tarde. Cincuenta minutos de charla, unas cervezas por el medio y asunto arreglado. Valeria, que así se llama la chica, quedó marcada por aquella relación-ración-maratón de fin de semana (largo). Me dijo que lo pasó "impresionante", poniendo a mi amigo Fran a la altura de Rocco Siffredi, que nunca había estado tan bien ni disfrutado tanto, que jamás había tenido tantos orgasmos como con mi amigo, que nunca lo había olvidado, y que nunca le había vuelto a pasar una cosa así y que, claro, al encontrarse con él en el trabajo, Fran ni la había saludado ni nada de nada, que la había ignorado por completo y "eso jode, Juan; porque estuvimos más tiempo en pelotas que vestidos, tío; y ni siquiera me saluda... es que...".
-Imperdonable -le dije dándole la razón.
-Eso es lo que yo pensé; me fastidió que te cagas, tío: pues ahora se va a enterar este tío, dije.
-Bueno, pero ahora todo queda aclarado, ¿no?
Y ella me miró, y dio a la cabeza, y bebió un trago de cerveza:
-Es que te juro que lo veo y me dan ganas de follármelo allí mismo, en la oficina. Y perdona que te lo diga así.
-No, no, no pasa nada mujer.
-¿A ti nunca te ha ocurrido así con una tía?
-¿El qué?
-Eso de tener unas ganas locas de follar con alguien.
Bebí lo que quedaba de mi cerveza(me hubiese bebido otra entera y de penalti) y la miré sonriendo:
-Miles de veces, pero hace tiempo que me vacuné... y me va bastante bien.
-Ya. Bueno, pues nada; gracias, ¿eh?
-Chao, Valeria, gracias a ti.
Querido amigo Fran, espero que tu novia, a la que aprecio mucho, no lea esto, pero me parece que no te va a quedar otra que pasarte una tarde, o dos, con esta tía... y, mi consejo, cuanto antes lo hagas, mejor; por ti, por ella y sobre todo por tu trabajo; que no están las cosas como para elegir, compañero. Suerte...y espero que "todo" te responda.

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